Martín Varsavsky (“@martinvars“) publicó en su blog un interesante post titulado: las materias del liceo que hacen la diferencia. En el mismo, Varsavsky opina que la educación secundaria es obsoleta y que ese problema está presente en todo el mundo aunque en diferentes grados. A partir de esa opinión, plantea una serie de materias que considera beneficiarían a los estudiantes.
A continuación encontrarán las materias propuestas y mi opinión sobre cada una de ellas:
Gestión básica del hogar, cómo vivir por tu cuenta
Cada año la adolescencia se extiende más y más en la vida de nuestros jóvenes y estamos llegando al punto en que la adolescencia termina cuando empieza la adultés. Recuerden que algunso beneficios de la Tarjeta Joven se extendieron de los 29 a los 35 años. Para ser exitoso en la vida hay que aprender por lo menos a vivir sin mamá y papá. Y aunque en muchos casos el hogar paterno es la fuente de sustento para lanzar algún gran emprendimiento, no puede ser el lugar para holgazanear de por vida.

Imagen: teens.lovetoknow
Lo mejor que les puede pasar a los futuros adolescentes es tener herramientas para poder valerse por si mismo. Y valerse por si mismo debería empezar por aprender a planchar una camisa y de paso calcular y administrar el presupuesto de un hogar… o cambiar una bombita.
Informática/programación
Todo lo que vemos hoy en día de alguna forma es programable. En mayor o menor medida estamos cada vez más rodeados de herramientas que si se las conoce un poco más a fondo pueden hacer mucho más de lo que se supone pueden hacer. La programación ayudará a los adolescentes a pensar, a enfrentarse a la tecnología y a desarrollar un espíritu crítico y constructivo: programar es evaluar y construir. Vivir es evaluar y construir.
Hoy en día los hornos son programables, los videograbadores son programables, los timers para ahorro de energía son programables, los lavarropas son programables y ni que decir los teléfonos móviles, las tablets, las computadoras y tantos otros dispositivos que día a día aparecen en nuestras vidas, no importa cuán cerca o lejos nos creamos de la tecnología, son programables.