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Paseo en la jardinera – Cuarto Dia

El día comenzó despertando a las 8, así podíamos aprovechar el día con el paseo en la jardinera de la línea Turismo. Es un ómnibus normal, para los lugares que conozco de Brasil (Floripa y Curitiba), con pocos asientos, el molinete y el descenso sólo por una puerta en el medio.

El desayuno está bien preparado para un hotel 3 estrellas de Brasil. Lástima que en la web de Gol dice que es 4.

Sandía, melón, papaya, banana, ananá y manzana. Jaleas de papaya, uva, naranja y manzana. Aunque estas últimas hay pocas. También manteca, la cual aproveché a comer sin límites. Además del café y de los jugos de naranja y ananá, tienen jugo de papaya y yogur de frutilla. Encontré que todos los días preparan una comida caliente, con diferentes carnes o embutidos cortados en pequeño, como si fuera un guiso. Tienen como cuatro tipo de panes, de los cuales 2 son panes chicos y los otros en rodajas. Siempre hay 2 tortas dulces y una vez encontramos flan de coco. También varían el tipo de bizcochos y hasta encontramos medialunitas. En cuanto a fiambres y quesos, tienen un queso de sandwiche, un queso blanco cortado en triángulitos, un fiambre que parece paleta, un fiambre más picante, pariente de la longaniza y el jueves apareció uno que no se si era lomito o algo de pollo. Los colores en Brasil son muy diferentes a los de Uruguay. Aunque yo no llegué a consumir, también hay cereales, ensalada de frutas, leche fría y caliente, chocolate y te.

Cuando volvimos a la habitación, aún no la habían arreglado. Asi que nos preparamos para irnos. Próximas veces, recordar llevar el cargador de la cámara en el bolso.

Llegamos a la parada de la línea Turismo y allí esperamos menos de 5 minutos. Por suerte esa parada queda cerca del hotel, en la esquina, donde casualmente está la Rua 24 horas. Que casualmente está cerrada. Una vez arriba del ómnibus, pague con 50 reales y me devolvieron 18. Nos sentamos en el fondo.

El recorrido se realiza muy velozmente. Debo admitir que por un día, extrañé el 64. Todo Curitiba conduce a una velocidad vertiginosa. Asi que era bastante complicado sacar fotos desde el ómnibus o siquiera mantenerse parado.

De los 25 lugares que hay para visitar, el pasaje nos permitía visitar 4. Y aunque nos permitiera más, no hubiéramos podido.

El primer lugar fue el Jardín Botánico. Es un espacio muy grande, quizás 2 o 3 veces el tamaño de nuestro Zoológico. Tiene todas las plantas indicadas con su nombre y mucha gente va allí a correr, ya que las amplias sendas asfaltadas es el único lugar de Curitiba que se puede caminar sin sufrir. Como curiosidad, encontramos un equipo de filmación, posiblemente para televisión y no había bancos para sentarse. Las paradas de ómnibus tampoco tienen asientos. La entrada es libre.

El ómnibus tardó poco en llegar y por allí apareció un tipo que ofrecía viajes en tren. Pero a 130 reales… Da para pensarlo muchas veces, y descartarlo.

Nota: antes del botánico está el Teatro Paiol, pero al menos que se sea un entendido en la materia, no vale la pena.

El segundo lugar fue el Museo Oscar Niemeyer. Majestuoso, espectacular, vale la pena hasta el café de un real que expende una máquina automática dentro de él. Entramos y comenzamos a buscar la puerta. Cobraban entrada, pero Mamá no tenía mucho interés y prefería ahorrar la entrada. Se fue a buscar un lugar donde sentarse. Pero en Curitiba no hay ni baldosas ni bancos. Cuando me dieron el ticket en la boletería, leí un cartel que decía que los menores de 12 y los mayores de 60 no pagaban entrada. Pensé en pasar por menor de 12, pero sería más creíble que Mamá pasara por mayor de 60. Sesenta y medio. Asi que la fui a buscar para que por lo menos estuviera bajo techo. Ojalá en Montevideo hubiera museos donde realmente se de un servicio al visitante. Por eso yo estoy de acuerdo en que los museos cobren entrada.

Pasamos por el detector de metales, dejamos los bolsos en el guarda bultos y comenzamos el recorrido. Tomamos agua de un dispensador, usamos los baños y Mamá se quedó sentada en un espacio de descanso, con asientos muy cómodos y material de lectura. Yo encontré una tienda de mercadería del museo, asi que le avisé a Mamá e hicimos algunas compras. Corbatas, una buzo de manga corta y no se sí algo más. Luego de eso vimos la cafetera. Mamá se tomó un chocolate, y a la vuelta del tercer nivel, yo me tomé un cappuccino. Pero como algún turista puso monedas por 5 centavos de más, mi cappuccino nos costo 0.95 reales.

Luego del museo fuimos hasta el bosque Alemán, pero Mamá no pudo recorrerlo por su problema en las rodillas. Asi que el paseo lo realicé sólo yo, primero bajando las escaleras de madera, luego las de piedra y hasta pasando por la casa de Hansel y Gretel y el lago, hasta llegar al portal. De allí, todo de nuevo hacia arriba, para ir a buscar a Mamá.

Una vez aspica vimos que vendían delicias culinarias alemanas, pero nada decía que hubiera algún tipo de bebidas. Mientras mirábamos, llegó el ómnibus, asi que lo corrimos, a la velocidad de Mamá. El chofer y el guarda bajaron al baño, y nosotros nos acomodamos adelante.

Cuando subieron el chofer y el guarda, continuamos el viaje hasta Santa Felicidade. Como el bosque alemán no tenía ningún restaurant típico alemán, creímos que por fin podríamos comer alguna comida típica italiana. Santa Felicidade es el centro del eje gastronómico de Curitiba, pero sólo hasta las 2 de la tarde. Aprovechamos a hacer compras y a mirar artesanatos. Terminamos comprando una Sprite y 2 empanadas de jamón y queso en un kioskito de comidas al paso. Subimos nuevamente al bote, com destino nuestro hotel.

El fin del viaje fue cerca de las 18 horas. Y aún no habíamos almorzado. Volvimos al hotel, descansamos un poco y salimos com el objetivo de comprar algo de ropa en C&A y de comer algo en la Rua de las Flores.

Fuimos casi que decididos a comer en Giraffas. Excelente sistema. Tanto que quiero traer una franquicia para Uruguay. Sólo necesito 190000 dólares y le parto la fiestita a McDonald’s. Comimos carnes con salsa de Champignon y diferentes acompañamientos. Muy ricos, a buen precio y en la medida justa. Además de que tienen gran cantidad de opciones para elegir.

Luego de comer fui a probarme el traje, pero parece que los brasileros grandes o gordos no compran en esas tiendas. Igual compré un pack de cuecas, unas medias y 2 corbatas. Salimos más de las 21, cuando ya la tienda estaba cerrada e hicimos un alto en el McDonald’s para tomar unos heladitos y descansar.

Llegamos al hotel y no hicimos más que tomar un café y acostarnos.

Conociéndote, Curitiba – Tercer día

Perdimos el domingo. Volamos todo el lunes. Recién martes pudimos conocer la ciudad.

Mapa en mano salimos a recorrer los puntos reconocibles más cercanos. Primero fuimos al Shopping Omar. Tiene 3 pisos de tiendas y servicios, una pequeña plaza de comidas y entradas por dos calles. En realidad, es lo que en Montevideo llamaríamos: “Galería”. Una arquitectura muy interesante, diferente, novedosa y creativa que se repite en cada lugar de Curitiba.

No compramos nada allí y seguimos caminando. Llegamos a un supermercado Mercadorama donde hicimos nuestras primeras compras. No encontramos el café ni los espaguetis Nissin, pero sí los Fandangos. Luego de allí salimos para el Shopping Crystal. Por fin un shopping de verdad.

Arquitectónicamente se parecía al Punta y al Portones. Quizás también tenía algo del Palermo. Tiene 3 niveles que recorrimos completos y un nivel al que no llegamos, pero entramos en varias casas de ropa, zapatos y comparamos precios. Realmente está caro. Una de las casas donde entramos era de ropa de hombre (Lu, tendrías que haber estado vos). Allí, Donizeti me mostró unos trajes verdes y negros con fantasías, corbatas y camisas espectaculares. Los trajes estaban baratos. Al mismo precio de Montevideo pero de una calidad claramente superior. La tela se parecía al panamá en cuanto al brillo, pero con la suavidad de la seda. Las camisas eran de variados colores claros y el tipo sabía combinar muy bien los colores. O quizás fuera malísimo y a mi me parecían bien.

El almuerzo fue en McDonald’s. Comimos un pollo grille con jugo de naranja. ¡No tienen mayonesa! Asi que las papas las tuve que comer al natural. La hamburguesa estaba muy buena. Y lo mejor de todo, tenían internet gratis. Y lo peor de todo, no funcionaba. Al irnos pasamos por la puerta de una casa de Shiatsu. 40 reales lo valen, asi que el jueves volvemos.

Luego de ese shopping ya era hora de volver al hotel y descansar. Tuvimos la suerte de que quedaba cerca. Casualmente llovió un poquito, pero no daba ni para mojar.

En la noche salimos a caminar por otros atractivos. Primero fuimos hasta la plaza Osorio. Allí comienza la Rua das Flores… o termina. Descubrimos un local muy interesante llamado Giraffas. Es una casa de comidas rápidas pero que tienen una carta mucho más amplia que un McDonald’s. Seguimos caminando por era calle, que es peatonal y vimos que tenía sendas para no videntes. Mamá las utilizó porque son mucho más cómodas que caminar por las piedritas. Creo que sí alguien pone una fábrica de baldosas en Curitiba, o se llena de plata por la novedad y gran invento, o se funde completamente por haber creado algo que nadie en está ciudad conoce ni sabe como se usa. Todo Curitiba tiene calles de piedras de diferentes tamaños, colores y sabores. Y lo que tienen de malo las piedras es que generan aceras irregulares, por lo cual caminar es difícil y hasta doloroso. Pero el Curitibano y en especial la curitibana, fanática de los tacos aguja, parecen ya estar acostumbrados.

Uno de las tiendas a las que fuimos, es C&A. Encontramos tanto precios caros como baratos. Y encontramos mucha ropa como para comprarse de todo. Obviamente hay mucha ropa que podemos llamar novedosa para lo que es la grisura uruguaya. Mucho verde, mucho blanco, muchas rayas, muchos estampados. Realmente cosas lindas. Pero como todo en la vida, tiene que haber un lado malo: el saco de número 56 está acompañado de un pantalón 40. Asi que ese lindo traje verde me quedó bien de arriba, pero no de abajo. De todas formas, quedamos de volver al próximo día con más tiempo.

No recuerdo que cenamos, por lo cual me inclino a pensar que simplemente hicimos más espacio para el desayuno del día siguiente.

Llegada a Curitiba – Segundo día

Salimos de casa a las 12:30. Otra vez llamamos a fonotaxi (2037000), quien llegó en 5 minutos y por 209 pesos nos llevó al aeropuerto. Está vez le preguntamos si llamando a la central nos iban a buscar al aeropuerto. Nos informó que sí y que era con cero ficha.

Volvimos a entrar en el aeropuerto y pensamos que éramos los últimos. Pero no, minutos después llegaron más personas. Mamá se fue a sentar y yo iba y venía a la cola cada vez que tenía que adelantar las valijas. La señora de atrás me ofreció llevar las 2 vajilas negras en su carrito de equipaje, pero con amabilidad rechace la idea. Le comenté que era más divertido ir y venir a mover las 3 valijas, lo cual resultó cierto.Entramos a la cola de check in y nos pusimos a hablar con otras chicas que descubrimos también iban a Curitiba. Unas amargas: las siguientes veces que nos cruzamos ni saludaban. Pero en ese momento nos informaron que la escala era en San Pablo. Ahí la razón para demorar 4 horas. Pero ellas tenían que el vuelo salía a otra hora.

Hicimos el check in, pagamos las tasas y con bastante tiempo entramos a la área de embarque. Esperamos allí varias horas. El vuelo que estaba programado para las 2:50 salió a las 6:15. Todo ese preciado tiempo lo utilizamos en comer algo, comprar y pasear por el Free Shop, y conversar con otros pasajeros.

Escuchamos historias muy similares a la nuestra, o peores, porque eran extranjeros que se alojaron en Punta del Este y tuvieron que volver hasta allí. También el vuelo de Pluna a Madrid estaba demorado, por lo cual encontramos gente que volvía a España, familias enteras que viajaban a Madrid, una señora que iba a conocer a su primer nieto y seguramente algún futuro deportado. Los pasajeros de Pluna tuvieron una suerte que nosotros no: les pagaron la cena. No puedo dejar de mencionar la cantidad de gente que dormía en el piso, entre ellos, la señora que me ofreció el espacio en el portaequipaje.

Los brasileros hasta juntaron firmas y entregaron un montón de cartas de queja. Yo, mi me calenté.

Subimos al avión por la escalera del fondo. Nos ubicamos en nuestros asientos y esperamos la partida. Un poco de marcha atrás, mucho rodaje hasta hubicarse en la pista y carreteo hasta despegar. Fue un despegue suave. Un poco de oídos tapados y no mucho más.

El viaje fue bastante tranquilo, alguna que otra turbulencia, el pollo envenenado, el pasajero 57 y un niño desaparecido que nunca nadie vió. Creo que mezclé películas. Dejemos sólo en las turbulencias. De tomar, jugos o Pepsi, y de comer, un refuerzo de fiambre, queso y lechuga, y un biscocho relleno de goiabada.

Fue difícil ir al baño. Pero lo logramos. Sólo tuvimos que esperar a que sacaran los carritos de comida, esperar a que se liberaran los baños y molestar 2 veces a la señora del pasillo. No quedó muy contenta, pero que se la banque, para eso se sentó en el pasillo.

Aterrizamos en Guarulhos, San Pablo, sin mucho que decir. Luego de bajarse medio avión, subieron unos cuantos brasileros que iban a Porto Alegre. Pero el avión no se llenó.El vuelo a Porto Alegre no fue tan suave como el anterior, nos cambiaron el refuerzo por 2 galletitas al agua y hubo algunas turbulencias más. Tanto que los oídos se me taparon y el izquierdo me empezó a doler al punto que tuve que decir la frase célebre: “Mamá, voy a desmayarme”.

Cuando recuperé el sentido, la aeromoza que era media jefa (o simplemente mandona) me estaba atendiendo. ¿No les dan un curso de enfermería, verdad? Era media bruta, pero tenía buen corazón… Y una mirada interesante. Me dieron maní, agua y jugo y creo que para la gente de alrededor fue un buen espectáculo, asi que espero se hayan divertido bastante.

Cuando bajamos del avión, a pocos minutos del show, nos dirigimos a la enfermería y luego a recoger el equipaje. Estaba un poco mojado porque aterrizamos con lluvia. Asi que lentamente nos dirigimos a las colas de Check in para despachar el equipaje y luego ir a comer algo sustancioso. Recorrimos el tercer piso hasta que nos decidimos por un local de comida por kilo. Pagamos R$ 15.5 por nuestros dos platos y un jugo de naranja (tan natural como el de Don Peperone pero con más gusto).

Luego recorrimos algunas tiendas y nos sentamos en unos sillones. Pintó siesta. Corta pero hizo bien dormir. Hasta que Mamá quiso salir a caminar y yo me quedé intentando resumir la situación anterior. Como no pude, escribí gran parte de este relato y al volver Mamá me contó sobre un café grande y rico y que encontró otros lugares más cómodos donde sentarse. Hasta allí fuimos.

Charlamos un rato con Mamá, la ayude con el baja dedo y me contó del café. Asi que salimos a un paseo por fuera del aeropuerto y luego volvimos al tercer piso a tomar un café. Espectacular. Café Bom Jesús. ¿Donde se podrá comprar? Asi que le preguntamos a la moza, que dijo que sólo venía en grano y que era medio exclusivo. Pero San Google dijo que era un Café de Melita que se vendía en paquetes de a 1/4 hasta 5 kilos. Ahora sólo faltaba saber si había un supermercado cerca del aeropuerto y salir a buscarlo.

Después de eso no hicimos más que ir a la planta de embarque y sentarnos a esperar. Recorrimos una librería. Yo intentaba encontrar algún buen libro en portugués para leer, que prometiera ser fácil, divertido y de autor nacional. No lo logré.Este vuelo fue más sencillo, menos vueltas. Llegó el vuelo 1492 y nosotros lo convertimos en 1493. Luego de maní pelado y salado, y una carrita de cereal, el avión atravesó una turbulencia y llegó a destino. Fue un viaje muy tranquilo.

Desembarcamos en el aeropuerto de Curitiba, retiramos nuestro equipaje y buscamos el conductor del transfer del hotel: Bristol Sthay Metropolitan Flat. Lo encontramos, nos llevó al hotel, y lo demás, mañana.

Curitiba – Día 1 (Parte 2) – Escala en Nube 28

Dormí un rato más, me levanté y lo primero que hice fue llamar al Hotel para informar de que iba a llegar más tarde. Calculé cualquier hora (4 de la mañana) y le consulté por si tenía Transfer. Confirmé que lo tenía que llmar con 3 horas d eanticipación y “muito obrigado”.

Luego fui para la casa de mi madre. Allí, mientras ella dormía y mi hermana arreglaba la casa, me entró la duda de si no me habrían dicho que nos esperaban en el check-in a las 12 del mediodía.

Linda duda cuando son las 13.

Fui a mi PC a buscar el teléfono de Gol, pero hice algo más inteligente. Ingresé con mi usuario de Gol a la página de Mis Vuelos. Encontré que todas mis dudas se disipaban allí. El vuelo salía a las 2:50 de la madrugada del 15 de Octubre. Fenomenal. No tenía que salir corriendo. Así que seguí leyendo la página y descubrí que (era obvio) el vuelo de Porto Alegre a Curitiba también había cambiado y ahora… ¡no tenía asientos reservados!

Desesperación.

Manejé el trackball como un as de la pelotita y logré encontrar 3 filas con asientos juntos. Casualmente las últimas 3 filas. Así que reservé esos asientos y guardé la página en PDF. No sea que después no me crean. Todo resuelto.

El día transcurrió tranquilo, en casa, pensando algunas veces “Qué embole!” y otras “Remember, Resbaling technic”. Además de que la PC de mi hermana no andaba bien y me costó pila poder imprimir el PDF, luego de limpieza de la placa madre con pincelito, reordenar las memorias, etc., mi madre quería llamar a Gol.

¿Por qué? ¿Qué necesidad? Cuando tuve impreso el e-ticket, se lo llevé a mi madre para contarle las buenas nuevas. Resulta que, el avion salía a las 2:50 de la matina y llegaba a Porto Alegre a las 6:50. ¿Qué son 4 horas de vuelo cuando en la reserva cancelada solo era una hora diez minutos? Según la página web que imprimí, ese no era el peor problema. El vuelo a Curitiba saldría de Porto Alegre a las… 17:40. Eso me dá unas 10 horas, 50 minutos de espera en Porto Alegre.

El diálogo fue algo así:
- Bueno Má, te cuento el cambio de itinerario o lo preferís leer?
- Contámelo.
- El vuelo de acá sale a las 2:50… bla, bla, bla… 4 horas.
(mi madre ríe… Ríe, con sonoridad)
- Luego de que llegamos a Porto Alegre -continué-, tu hijo te puede invitar a almorzar…
- ¿Y el desayuno?
- ¡Ah! Si, primero desayunar, luego pasear por el Aeropuerto de una punta a la otra. Al mediodía, te puede invitar un almuerzo y culminar la espera con un café.
- ¿El té de las cinco? -pregunta ella entre risas.
- No, el café. Porque a la hora del Té tenés que estar haciendo la cola del Check-in, ya que a las 17:40 sale el avión de Porto Alegre a Curitiba, el cual llega a las 18:50.

Durante toda la charla, mi madre rió mucho. La risa hace bien. ¡Y más en estos casos!

Al finalizar, razoné. Le dije al tipo del hotel que llegaba a una hora completamente irreal. Así que volví a llamarlo y le dije que tenía nueva información de la agencia de viajes. Iba a llegar como a siete de la tarde. Muito obrigado, again. ¡Hasta se acordaba de mi! Obviamente, todo en un perfecto portugués. ¡Me sorprendo de mi mismo! No, no… no me sorprendo. Urudata invirtió en mi para que hable Portugués y allí estoy, utilizando la inversión de Urudata en mis ya 3 últimos viajes a Brasil a disfrutar de hablar otro idioma. Todos viajes personales, nada de trabajo.

Dormí mucho, me di cuenta que estaba resfriado y almorzamos. Seguí durmiendo, no sin antes haber lavado ropa. Mi madre aprovechó a llamar a Gol y el tipo que la atendió, le dijo que tenía el vuelo confirmado (ya había llamado una vez y le dijeron que ese vuelo no existía) y que la demora de 4 horas era por el cambio de horario. Pobre tipo. Si tuviéramos hora diferente con Brasil, serían 3 horas de vuelo, lo que sigue siendo el triple de lo que debería demorar. Así que el tipo, luego de este razonamiento que le hizo mi madre, le dijo que había una escala de 2 horas en algún lado, pero no sabía donde. Mi madre luego me mandó un SMS mientras dormía en donde me decía que el avión demoraba 3 (o 4 horas) porque hacía escala en la nube 28. 28, la nube de los inocentes. [*]

Ahora son las 21:27. Estoy esperando que caliente el calefón para bañarme y cenar. Ya revisé las tarjetas, la cuenta en el banco, las billeteras, y estoy pronto. Kari, poneme un adelanto en el Banco porque me parece que este viaje me va a salir más caro que cualquier previsión posible.

Dios quiera que todo salga bien.

[* Téngase en cuenta que incluso llegamos a analizar la posibilidad de cancelar el vuelo de ida e ir en ómnibus. Hubiéramos demorado menos.]

Curitiba – Día 1 – Vuelo demorado

A las 3:30 de la madrugada del 14 de octubre, termine de ajustar las vajilas a la baca del Fitito. Me senté en el asiento del acompañante y cerré la puerta. Esperaba a mi madre y a mi hermana que aún daban vueltas adentro de la casa.

Pensé en prender el auto. Pero no, vaya a saber que argumento extraño podría inferir la dueña.

Salí del auto cuando vino a buscarme Misifús y me senté en el murito nuevo. Conversé un rato con el gato mientras él olía cada rincón del jardín.

Comenzó a hacerse hora de irse. Siguió haciéndose hora de irse. Ya quería irme.

Luego de algunos minutos, aparecieron mi madre y mi hermana. Subimos todos y voilá. La hora estaba cumplida. Era arrancar y listo. Lástima que el auto no quiso arrancar. Lástima.

El taxi al aeropuerto costo 208 pesos. Le di 12 de propina.

Con el primer escollo sorteado, entramos al aeropuerto y nos atajó una joven que muy amablemente, por la suma de 9 dólares ó 220 pesos, nos ofrecía envolvernos las maletas en varias vueltas de papel film. En realidad, papelón film. Sus argumentos no me convencieron.

Metros después, nos enfrentamos al recepcionista de Gol. Muy amablemente nos solicitó los documentos y los revisó con su visión de rayos equis. También nos informó que el vuelo estaba demorado por razones climáticas, por lo cual tendría que cortar el check-in. Tal información la había recibido instantes antes frente a nosotros mismos, pero de una forma menos política: “Demorá el check porque el aeropuerto está cerrado por la niebla”. Nosotros ya habíamos notado la niebla cuando veníamos en el taxi.

De todas formas nos permitió pasar a la cola de check in y allí comenzamos a esperar. Parados.

Mamá le consultó si podía ir a sentarse, a lo cual dijo que sí y él aclaró que cuando se reanudara, pasara directo.

Y hasta ahí llegamos, esperando a que nuestro segundo escollo fuerasuperado.

Nuestros compañeros de viaje eran brasileros y uruguayos. Los primeros, que son muchos, hacían cosas extrañas, como comer dulce de leche con cucharita, lo cual podría ser normal, pero no si lo confundís con un postre individual de cuarto kilo!

Luego de mucho esperar, como media hora o más, dejé las valijas solas y estuve hablando con mi madre. Le cuidé el asiento mientras ella iba al baño, y luego lo hice yo. Estaba cerrando la bragueta cuando me llama a informarme que el chack-in había sido reanudado. Más que rápido cruce desde el hall central, hasta los mostradores de Gol y pasé por debajo de las cintas para ponerme al lado de Mamá. Le mostré el librito del FreeShop y vimos que precios taaaan baratos.

Veíamos que la gente hablaba y hablaba con los empleados de Gol y no entendíamos bien que tanta vuelta había que darle. La señora de adelante nuestro estaba ofuscada y con Mamá decíamos: “vamos señora, ya está muevase, vayase”.

Nos saludamos con los agentes de Gol y nos explicaron que el vuelo estaba cancelado y que nos llamarían por teléfono cuando supieran la hora a la que salía. Así que rápidamente y aun con cara de felices nos fuimos. Usamos la técnica del “Resbaling”. Me explico: estoy de vacaciones, no pienso quemarme la cabeza, así que todo nos resbalaba.

Le avisamos a Najita que volveríamos para casa y le explicamos la situación.

Salimos por la puerta de Partidas, no sin antes haber pesado la valija de Mamá (15 kilos) y bucamos un taxi o remise con la mirada. Encontramos uno lejísimos, en arribos, donde deben estar, pero había que ir a buscarlo, preguntarle cuanto hasta Malvín, etc. El maletero número 17 nos ofreció una tarjetita de un taxi. Nos informó que hasta Malvín saldría unos 400 pesos. Caribbean Beauty!

Llamé al tachero y le pregunté cuanto salía. Me dijo, 300. Así que (300 + 400) /2 = 350. Uno quería vender y el otro tenía vaga idea. Vino volando y nos subimos y llegamos a casa “como en avión”, a 140 por Av. Italia. Y el semáforo de Santa Mónica quedó girando en rojo. Creo que sentí la fuerza G cuando aceleraba.

Llegamos a casa (el tacho salió 349 y le pagué 350), entramos, me acosté. ¡Tuve que tender la cama! Al rato me llamó una agente de Gol que me dijo que nos esperaban en el check-in a las 12 de la noche. Un embole. De aquí en adelante, voy a intentar evitar los vuelos que salen antes de las 10 de la mañana.