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Paseo en la jardinera – Cuarto Dia

El día comenzó despertando a las 8, así podíamos aprovechar el día con el paseo en la jardinera de la línea Turismo. Es un ómnibus normal, para los lugares que conozco de Brasil (Floripa y Curitiba), con pocos asientos, el molinete y el descenso sólo por una puerta en el medio.

El desayuno está bien preparado para un hotel 3 estrellas de Brasil. Lástima que en la web de Gol dice que es 4.

Sandía, melón, papaya, banana, ananá y manzana. Jaleas de papaya, uva, naranja y manzana. Aunque estas últimas hay pocas. También manteca, la cual aproveché a comer sin límites. Además del café y de los jugos de naranja y ananá, tienen jugo de papaya y yogur de frutilla. Encontré que todos los días preparan una comida caliente, con diferentes carnes o embutidos cortados en pequeño, como si fuera un guiso. Tienen como cuatro tipo de panes, de los cuales 2 son panes chicos y los otros en rodajas. Siempre hay 2 tortas dulces y una vez encontramos flan de coco. También varían el tipo de bizcochos y hasta encontramos medialunitas. En cuanto a fiambres y quesos, tienen un queso de sandwiche, un queso blanco cortado en triángulitos, un fiambre que parece paleta, un fiambre más picante, pariente de la longaniza y el jueves apareció uno que no se si era lomito o algo de pollo. Los colores en Brasil son muy diferentes a los de Uruguay. Aunque yo no llegué a consumir, también hay cereales, ensalada de frutas, leche fría y caliente, chocolate y te.

Cuando volvimos a la habitación, aún no la habían arreglado. Asi que nos preparamos para irnos. Próximas veces, recordar llevar el cargador de la cámara en el bolso.

Llegamos a la parada de la línea Turismo y allí esperamos menos de 5 minutos. Por suerte esa parada queda cerca del hotel, en la esquina, donde casualmente está la Rua 24 horas. Que casualmente está cerrada. Una vez arriba del ómnibus, pague con 50 reales y me devolvieron 18. Nos sentamos en el fondo.

El recorrido se realiza muy velozmente. Debo admitir que por un día, extrañé el 64. Todo Curitiba conduce a una velocidad vertiginosa. Asi que era bastante complicado sacar fotos desde el ómnibus o siquiera mantenerse parado.

De los 25 lugares que hay para visitar, el pasaje nos permitía visitar 4. Y aunque nos permitiera más, no hubiéramos podido.

El primer lugar fue el Jardín Botánico. Es un espacio muy grande, quizás 2 o 3 veces el tamaño de nuestro Zoológico. Tiene todas las plantas indicadas con su nombre y mucha gente va allí a correr, ya que las amplias sendas asfaltadas es el único lugar de Curitiba que se puede caminar sin sufrir. Como curiosidad, encontramos un equipo de filmación, posiblemente para televisión y no había bancos para sentarse. Las paradas de ómnibus tampoco tienen asientos. La entrada es libre.

El ómnibus tardó poco en llegar y por allí apareció un tipo que ofrecía viajes en tren. Pero a 130 reales… Da para pensarlo muchas veces, y descartarlo.

Nota: antes del botánico está el Teatro Paiol, pero al menos que se sea un entendido en la materia, no vale la pena.

El segundo lugar fue el Museo Oscar Niemeyer. Majestuoso, espectacular, vale la pena hasta el café de un real que expende una máquina automática dentro de él. Entramos y comenzamos a buscar la puerta. Cobraban entrada, pero Mamá no tenía mucho interés y prefería ahorrar la entrada. Se fue a buscar un lugar donde sentarse. Pero en Curitiba no hay ni baldosas ni bancos. Cuando me dieron el ticket en la boletería, leí un cartel que decía que los menores de 12 y los mayores de 60 no pagaban entrada. Pensé en pasar por menor de 12, pero sería más creíble que Mamá pasara por mayor de 60. Sesenta y medio. Asi que la fui a buscar para que por lo menos estuviera bajo techo. Ojalá en Montevideo hubiera museos donde realmente se de un servicio al visitante. Por eso yo estoy de acuerdo en que los museos cobren entrada.

Pasamos por el detector de metales, dejamos los bolsos en el guarda bultos y comenzamos el recorrido. Tomamos agua de un dispensador, usamos los baños y Mamá se quedó sentada en un espacio de descanso, con asientos muy cómodos y material de lectura. Yo encontré una tienda de mercadería del museo, asi que le avisé a Mamá e hicimos algunas compras. Corbatas, una buzo de manga corta y no se sí algo más. Luego de eso vimos la cafetera. Mamá se tomó un chocolate, y a la vuelta del tercer nivel, yo me tomé un cappuccino. Pero como algún turista puso monedas por 5 centavos de más, mi cappuccino nos costo 0.95 reales.

Luego del museo fuimos hasta el bosque Alemán, pero Mamá no pudo recorrerlo por su problema en las rodillas. Asi que el paseo lo realicé sólo yo, primero bajando las escaleras de madera, luego las de piedra y hasta pasando por la casa de Hansel y Gretel y el lago, hasta llegar al portal. De allí, todo de nuevo hacia arriba, para ir a buscar a Mamá.

Una vez aspica vimos que vendían delicias culinarias alemanas, pero nada decía que hubiera algún tipo de bebidas. Mientras mirábamos, llegó el ómnibus, asi que lo corrimos, a la velocidad de Mamá. El chofer y el guarda bajaron al baño, y nosotros nos acomodamos adelante.

Cuando subieron el chofer y el guarda, continuamos el viaje hasta Santa Felicidade. Como el bosque alemán no tenía ningún restaurant típico alemán, creímos que por fin podríamos comer alguna comida típica italiana. Santa Felicidade es el centro del eje gastronómico de Curitiba, pero sólo hasta las 2 de la tarde. Aprovechamos a hacer compras y a mirar artesanatos. Terminamos comprando una Sprite y 2 empanadas de jamón y queso en un kioskito de comidas al paso. Subimos nuevamente al bote, com destino nuestro hotel.

El fin del viaje fue cerca de las 18 horas. Y aún no habíamos almorzado. Volvimos al hotel, descansamos un poco y salimos com el objetivo de comprar algo de ropa en C&A y de comer algo en la Rua de las Flores.

Fuimos casi que decididos a comer en Giraffas. Excelente sistema. Tanto que quiero traer una franquicia para Uruguay. Sólo necesito 190000 dólares y le parto la fiestita a McDonald’s. Comimos carnes con salsa de Champignon y diferentes acompañamientos. Muy ricos, a buen precio y en la medida justa. Además de que tienen gran cantidad de opciones para elegir.

Luego de comer fui a probarme el traje, pero parece que los brasileros grandes o gordos no compran en esas tiendas. Igual compré un pack de cuecas, unas medias y 2 corbatas. Salimos más de las 21, cuando ya la tienda estaba cerrada e hicimos un alto en el McDonald’s para tomar unos heladitos y descansar.

Llegamos al hotel y no hicimos más que tomar un café y acostarnos.


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