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Tic-Tac, Tic-Tac, Tic-Tac… Madonna

Apenas puedo escribir.

Gracias Madonna por existir. Ya puedo morir tranquilo.

Tic-Tac, Tic-Tac, Tic-Tac…

Luego de una tortuosa travesía por un continente, 2 países y los 100 barrios porteños, entramos con Anis y Tazzie al estadio de River Plate mientras el amigo Paul Oakenfold movía las masas al ritmo de Kernkraft 400. De allí una hora de espera hasta las 21:45 cuando entró en escena el Tic-Tac, Tic-Tac, Tic-Tac.

Los momentos más emotivos fueron cuando Like a Prayer sonó en todo el estadio al unísono, viendo desde las gradas como la ola humana acompañaba el viento. Luego, You Must Love Me en un medley con Don’t Cry for Me Argentina… No lloré, pero si me emocioné muchísimo, mientras de fondo pasaban imágenes de la película de Alan Parker, especialmente el comienzo, que es el entierro del padre de Evita.

Madonna hacía pausa síncopas donde aprovechaba a escuchar a la gente y a recibir la andanada constante de aplausos.

El espectáculo tuvo momentos poco cálidos en los cuales el público no respondió como uno hubiera esperado. Madonna preguntaba: “Quieren más?” y la gente ¡no respondía! Dábamos lástima. Y en una le preguntó a una gurisa que quería escuchar y la gurisa le dijo: “What?” Alguien dijo Express Yourself y allí se puso a cantar a capella y con el público… que no sabía la letra.

Hacia el final, el espectáculo, que más que un concierto es una ópera electro-danzable, terminó en un GAME OVER sobre las pantallas gigantes. De allí la gente salió y volvió a sus vidas normales. Pero ahora con un sentido más en el significado de sus vidas.

Otro día cuento el resto de la aventura.


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