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Diario de Viaje – Curitiba, Octubre de 2007

Este blog alberga entre otras cosas, el diario de viaje que escribí mientras paseaba por Curitiba. Es la primera vez que escribo un diario de viaje, así que espero haberlo hecho bastante aceptable… aunque no es la primera vez que escribo un libro (¡cómpralo ya!).

El listado de capítulos para leerlo en orden, es el siguiente:

Día 1 (parte 1) – Vuelo Demorado
Sobre las peripecias que debimos sortear para llegar a Curitiba y el comienzo de un viaje de 45 horas.

Día 1 (parte 2) – Escala en la Nube 28
Continuación de lo anterior.

Día 2 (parte 1) – Llegada a Curitiba
Las últimas horas de espera en el Aeropuerto y la llegada al hotel.

Día 2 (parte 2) – Llegada a Curitiba
Describe el hotel con más detalles.

Día 3 – Conociéndote, Curitiba
Primeros paseos por Curitiba y acostumbrándonos a los 939 metros de altura.

Día 4 – Paseo en el ómnibus turístico
Un largo e interesante paseo por varios puntos turísticos de Curitiba.

Día 5 – Shiatsu en Curitiba
Un día que nos tomamos para nosotros y hasta un masaje de Shiatsu.

Día 6 – Torre y Churrascaria
Más paseos y una cena espectacular en Curitiba.

Día 7 – El Terrorista del avión
Sobre como de accidentada fue la vuelta y hasta el Terrorista uruguayo, ingeniero de 28 años que venía pelando cables. Increible.

Las fotos están en el sitio de Picasa http://picasaweb.google.com/fededelossantos y los videos, además de Picasa, están en mi sitio de YouTube http://www.youtube.com/fedeluis.

¡Espero les guste y dejen sus comentarios! Y ya saben que si alguien quiere ir a Curitiba, yo los acompaño.

El Terrorista del Avión – Séptimo día

Despertamos temprano, más que los otros días para desayunar, hacer Check Out y tomar el Transfer al aeropuerto.

Todavía tenía presente todo lo que habíamos comido en la Churrascaría, así que fue bastante complicado ingerir algo. El jugo de naranja no estaba rico y ni siquiera pasé por el lado del pan. Una sola taza de café y un poco de fruta, de la cual comí muy poca. Solo sandía y melón. El ananá lo obvié esta vez.

Las valijas casi las tenía prontas desde la noche anterior, me había bañado al levantarme y Mamá quería ir a buscar un regalito extra por uno de los locales de ahí cerca, pero claro, eran las 8:20 y todo habría a las 9 y a las 10. Igual salimos por ahí a ver que tal.

8:50 ya estábamos arriba de la van del Transfer y rumbo a otros 2 hoteles Bristol para levantar a 2 pasajeros más. Luego de un largo viaje que parecía que iba muy lento llegamos al aeropuerto de Curitiba. Allí fuimos directo a los mostradores de Check In de Gol e hicimos el despacho de equipaje. La valija de Mamá andaba por los 20 kilos y las mía llegaban a los 25.75 kg. No dijeron nada sobre el exceso de equipaje. Kilo más, kilo menos… no se iba a caer el avión.

Tuvimos tiempó para pasear por el aeropuerto. Habíamos llegado con 2 hora de anticipación. Hicimos algunas compras de recuerdos y tomamos un café. Luego nos sentamos frente al mirador y veíamos los aviones salir e irse. Cuando Mamá volvía del baño, yo escuché un mensaje que solicitaba a los pasajeros Federico de los Santos y Rosalina Villar que se presentaran en el mostrador de Check In de Gol. Mi madre ni había prestado atención, pero yo si, así que nos dirigimos hacia allí y nos informaron que el vuelo venía retrasado desde Campinas y que para que pudiéramos tomar el vuelo de Porto Alegre a Montevideo, deberíamos irnos otro avión que estaba por salir en unos minutos. El otro avión era de la compañía OceanAir, una compañía brasileña de vuelos domésticos.

El vuelo por OceanAir fue menos suave que los vuelos de Gol, ya que el avión, un MK 28, es más chico. Los asientos nos tocaron separados, pero al lado de Mamá no viajaba nadie, así que me cambié. De comer nos dieron algo parecido a una empanada. Estaba caliente. De tomar, lo mismo que tenía Gol.

Lo más interesante es que el despegue en el aeropuerto de Curitiba (CWB) es hacia el norte, por lo tanto el avión tuvo que dar la vuelta y mientras lo hacíamos tuvimos una visión espectacular del suelo. En definitiva me gustó más la atención de OceanAir que de Gol.

Aterrizamos en Porto Alegre con muy poco tiempo. Hicimos el Check In en Gol y nos dirigimos a la puerta de embarques internacionales. Hicimos una cola larguísima hasta que nos permitieron el acceso a migraciones. Allí entregué los papeles de migraciones sin el sello de entrada a Brasil… Nos habíamos olvidado de hacerlo. En realidad, ni siquiera sabíamos que debíamos hacerlo. La mujer de migraciones no dijo nada y nos dejó seguir hasta el siguiente paso que eran los rayos X. Dejamos los bolsos en la cinta y pasamos la puerta. Nos detuvieron. Mamá tenía una botella en el bolso de mano y otras cosas en la cartera.

Sacó de la cartera sus medicamentos y la receta médica. La mujer que controlaba le sorprendió la cantidad de medicamentos, pero la receta médica era bastante amplia. La botella de agua le tomamos lo poco que le quedaba y se la entregamos.

Cosas extrañas: en los otros 3 embarques nunca nos pidieron que sacáramos nada de los bolsos. Yo quedé invicto, llevaba un tarrito de balsamo de unos 30cc. Nadie le pidió la receta médica cuando ella dijo que llevaba medicamentos. La botella de agua viajó de Curitiba a Porto Alegre. Y aún falta más.

El sandwich del vuelo de Gol fue más rico está vez. Pero quedé con hambre. El avión aterrizó en Carrasco y el piloto informó que el descenso se realizaría por la puerta delantera. eso indica que utilizaríamos la manga.

Pero el avión se dirigió hacia el fondo de la pista y el comandante informó a los pasajeros que las autoridades aeronáuticas aún no habían habilitado el descenso de pasajeros.

Algo pasaba.

Habíamos visto 2 camiones de bomberos, de color verde claro. Se acercaron camionetas militares y del aeropuerto. Subieron tres personas, uno de ellos un policía, se acercaron a un pasajero y le pidieron que los acompañara. Descendieron.

El comandante pidió disculpas e informó que había fallado la seguridad en Porto Alegre en haber detectado “una faca” en uno de los pasajeros. Todas estas últimas comunicaciones fueron en portugués.

Tuvimos un terrorista a bordo.

La seguridad que nos hizo tirar la botella de agua no detectó una trincheta.

Descendimos del avión por las escaleras y subimos al ómnibus. Nos paseó por media pista hasta llegar a la entrada a migraciones. El proceso de migraciones en Carrasco fue muy rápido, había 6 personas atendiendo.

Luego, el Free Shop y las maletas. Las maletas que no llegaban. Esperamos como 2 horas, nos pusimos a hablar con 2 brasileros y Mamá salió del área de entrega de equipaje para sentarse. Me quedé esperando hasta que llegaron las 3 valijas.

¿Ahora que más? La Aduana. Vi que la gente abría las valijas. A mi también na pidieron que las abriera. Yo sólo llevaba 3 valijas llenas que representaban casi 50 kilos de equipaje.
Luego de confirmar de que tenía que abrirlas , empecé a buscar las llaves y cuando las encontré le dije: “mira que ésta no te la puedo abrir porque la llave la tiene mi madre, que ya salió”.
El tipo me hizo una guiñada y me dijo: “pasá, pasá”.

Torre y Churrascaría – Sexto día

Al brasilero no le gusta trabajar. Trabajan 2 horas y se van a coser para el carnaval. El que no cose, ensaya. Y el que no ensaya, fracciona droga.

Salimos caminando del hotel con rumbo a la antigua estación de tren, hoy convertida en shopping y que alberga el museo ferroviario y el museo de la farmacia. Ambos emprendimientos son financiados por O Boticário. El museo ferroviario era mi destino. Y tuvimos que esperar hasta las 12:30 para que abriera.

Mientras esperábamos paseamos un poco, sacamos muchas fotos y comimos una fondeau de chocolate de un local llamado Showcolate. La copa que nos sirvieron tenía 3 frutas picadas (kiwi, frutilla y ananá para mi), chocolate líquido de dos tipos, medio amargo y blanco, y un copo de chantilly con castañas de cajú picadas

Luego de la estación de Tren, el siguiente destino era la Torre Panorámica de Brasil Telecom. La opción más sencilla pero de mayor costo y tiempo era tomar la jardinera turística, que salía R$ 19. La más barata sería ir en ómnibus de línea. El tema era, cual ómnibus.

Preguntamos como llegar hasta allí a un guardia de seguridad del Shopping, pero no tenía ni idea de como llegar. Así que salimos y nos dirigimos a uno de los tubos y le preguntamos al cobrador. Este nos dijo que tomáramos un coche con destino Santa Candida. Luego de pagar los R$ 3,80 que nos salieron los 2 boletos, subimos al coche que vino bastante rápido y tuvimos la suerte que un señor le ofreciera el asiento a Mamá. Le pregunté a él si sabía donde teníamos que bajarnos y nos dijo que ese coche no nos servía, que teníamos que bajarnos en la plaza Tiradentes y de allí tomar un ómnibus hasta la Torre.

Bajamos a 3 cuadras de la plaza Tiradentes y nos dirigimos hacia ella siguiendo las indicaciones del hombre. Allí le preguntamos a un cobrador de otro tubo que nos dijo que teníamos que tomarlo a una cuadra de allí y que el destino del ómnibus era Santa Felicidade. Tomamos ese coche donde nos dijo, R$ 3,80 más, y en la segunda parada nos bajamos. ¿Dónde estábamos? Praça Mercês. Pero en el mapa no aparecía y no veíamos la torre por ningún lado. Así que mientras yo trataba de interpretar el mapa, Mamá le preguntó a una señora que nos iluminó. No veíamos la torre porque nos la tapaba el techo de un local de la esquina donde estábamos parados.

Caminamos 2 cuadras más y llegamos a la esquina. Y ahora, lo más dificil. La calle era tan empinada que era dificultoso bajarla, en especial para Mamá con su problema en las rodillas. Cuando llegamos a la puerta, entramos y otra vez descuento para mayores de 60! Mi entrada salía R$ 3 y la de Mamá R$ 1,5.

Aprovechamos los baños, nos sentamos a descansar un rato y tomamos agua. Luego de eso, nos dirigimos a las escalera y subimos el equivalente a 40 pisos hasta llegar al mirador.

¿Te lo creiste? ¡Imposible! Hay un ascensor que para en 7 pisos de la torre, que es donde están instalados los equipos de comunicaciones. En sí, esa torre es la equivalente a nuestra Torre de las Comunicaciones, con la diferencia de que no aloja oficinas.

Desde arriba Curitiba se vé muy bien. Tiene fotos con indicadores que muestran como identificar ciertos puntos de la ciudad. Y hasta encontramos un ave de rapiña que descansaba en la torre.

Para volver al centro nos tomamos un taxi. Casualmente encontramos uno a la salida, pero nos dijo que estaba esperando a alguien, pero si queríamos él llamaba a la central y nos pedía un coche para nosotros. Y tal cual, llamó desde su celular y a los pocos minutos teníamos un coche cero ficha. Nos salió menos de 20 reales. No recuerdo cuanto con exactitud.

Cuando llegamos al hotel, mamá se acostó a dormir y yo hice zapping en la tele. Una de las películas que miré fue Savage Beach. Película clase B… no, B es mucho… clase Z… no también es mucho.

Para almorzar fui a comprar unos Baurú y unas hamburguesas a la panadería a la que habíamos ido a comer la primer noche. Y de noche fuimos a comer a la Churrascaría.

Antes de ir a la Churrascaría Tropilha Grill, pasamos por un Mercadorama (el supermercado de barrio de Wal-Mart) y compramos algunos producos típocos brasileros, entre ellos la última bolsa de Fandangos! Demonios, esto pasa por dejar para último momento. Pero no importa, cuyando volvíamos lo hicimos por una calle diferente a la que fuimos a ver si de casualidad veíamos otro lugar donde comprar Fandangos.

Y Mamá los vió en la Drugstore de la esquina. Cuatro bolsas de 200 g de Fandangos me decían a gritos que me las llevara. Y no me pude resistir.

Tropilha Grill queda a 4 cuadras del hotel, por la misma calle. La dirección es Rua Emiliano Perneta 700. Fue la experiencia Curitibeña más irreal. Entramos y nos atendió una muchacha vestida como Paisana y un señor vestido con ropas típicas de gaúcho. Nos llevaron a la mesa, luego de preguntarnos si preferíamos fumador o no fumador, y nos corrieron las sillas para ayudarnos a sentarnos. A Mamá le ayudaron a sacarse el saco, el cual acomodaron en la otra silla y lo cubrieron un un mantel blanco! Si, si! Lo cubrieron para que no se ensucie ni tome olor.

Nos explicaron como funcionaba el sistema. Había a la derecha de cada uno un cartoncito redondo que de un lado era verde y del otro rojo. Si estaba del lado verde, los mozos nos traían los spettos, si estaba del lado rojo, los mozos nos salteaban.

La atención, para mi gusto, era sobreatención. Y Mamá casi que se mataba de la risa. Pero se contenía. Si, si, era muy gracioso. Cuando mi copa de Coca Cola bajaba a la mitad, o la cerveza de Mamá llegaba cerca del fondo, venía un mozo y nos servía. Si dejábamos un huesito en el plato auxiliar, venía el mozo y lo cambiaba por uno nuevo.

Increible.

Se me ocurrió ir al baño. Espectacularmente límpio y ordenado. E incluía hasta guantes de nailon, papel cobertor para la tapa del inodoro, enjuague bucal Plax de Colgate, vasitos de plástico para el enjuague, escarbadientes, papeles higiénicos cortados como los pañuelos descartables y no sé cuanta cosa más.

Pero lo del enjuague bucal, mató!

Los postres también estaban espectaculares, y el café también era rico. El costo total fue de R$ 93, que la tarjeta me lo cobró en U$S 54,24.

Una cena espectacular para despedirse espectacularmente de Curitiba.

Llegada a Curitiba (Segunda Parte) – Segundo día

Al llegar al hotel nos recibieron Clovis, el botones, y el recepcionista. Por lo menos él sabía mi nombre. Nos registramos, nos llevaron al apartamento y allí nos explicaron como funcionaba todo. O en realidad, como No-funcionaban las cosas.

La tele no andaba bien. Se veía con lluvia. Eso quiere decir que las conexiones son de mala calidad. Pero el botones dijo que al rato se arreglaba. Le preguntamos por la piscina, pero dijo que era chiquita y estaba deshabilitada. Le preguntamos por el restaurant del hotel, pero también dijo algo. Le di 5 reales y que se quedará tranquilo.

El apartamento era muy lindo, y todo estaba limpio. Todo moquette, bonitas cortinas, tenía los dos ventanales al frente y uno de ellos era un balcón cubierto. El número era 401.

El baño no tenía bidet, pero la mampara era de vidrio, con dos puertas que se unían en el vértice. El espejo era grande, lindo. Adoro los espejos grandes. La bacha era pequeña, pero la mesada era grande. Nos dejaron 2 jaboncitos, 2 tarritos de champu y un juego de 5 toallas.

Mamá le preguntó al botones por el hidromasaje. Pero nos aclaró que había sólo en los dúplex y que además tienen cama de dos plazas. ¿Y el microondas? No hay microondas.

La cocina, tal cual dice en la página web, está completamente equipada. Tiene un armario aéreo, la pileta y la mesada, un horno com cuatro hornallas y el frigobar. También hay una olla que parece que fue usada en un campamento.

Creo que para llamarse “completamente equipada” le faltan algunos cubiertos, vasos (tiene 2 vasos), platos, tazas…

Mamá comenzó a arreglar sus cosas y yo me tiré en la cama. Dormité un buen rato mientras ella se bañaba y se arreglaba para salir. Luego de eso nos fuimos a buscar algún lugar donde comer. Le preguntamos a Clovis donde podíamos comer y nos dijo que a media cuadra había una pizzeria.

Al salir del hotel llovía un poco, pero ta, el hambre es más fuerte. Caminamos un poco, no encontramos nada hasta que por fin vimos algo que parecía una pizzeria o un carrito. No nos gustaron las caras pero vimos que un poco más lejos había otro lugar. Era una panadería que vendía comidas rápidas al clásico estilo brasilero del papelito que si no lo entregas a la salida, te golpean.

Comimos rico. Primero un bauru y luego un mixto. Ambos hechos con un pan tipo porteño pero con la masa de Pagnifique. Muy crocante, muy rico, muy barato. Realmente gustoso. Mamá tomó una cerveza Kaiser y yo una Coca. De postre unos Lemon Pie y nos volvimos al hotel en taxi. Los taxis de Curitiba son de color naranja, no tienen mampara y la bajada de bandera sale más de 3 reales. Como estábamos cerca, gastamos tan sólo R$ 5,10. Al llegar al hotel, pijama y dormir. ¿Pero que tal si antes de dormir caliento un poco la habitación? Demonios, no funcionaba el aire acondicionado.

Dormimos como angelitos. Dice Mamá que ronqué, pero como no soy de roncar, debe haber sido por el resfrío que combatía a Perifar Grip. Mamá puso el despertador a las 9, ya que el desayuno se servía de 6 a 10.

Shiatsu en Curitiba – Quinto Dia

El jueves comenzó con baño y desayuno. El objetivo del día de hoy era el masaje de Shiatsu en el Shopping Crystal, pero yo también quería conocer el Shopping Curitiba.

Lo bueno de estar en el centro, es que hay muchas cosas cerca. Así que llegar al Curitiba era tan lejos como el otro, a 6 cuadras y para el mismo lado.

Si hay algo que no entiendo de Curitiba, es que si es una ciudad hermana de Montevideo, como puede ser que soporte tantos shoppings en tan poco espacio. Nosotros visitamos 3 y están todos a menos de 7 cuadras del hotel, y si caminamos tan sólo una cuadra más, hay otro! Luego Mamá desarrolló la idea de que el centro es muy pequeño comparado con Montevideo, y eso es cierto. En realidad, la ciudad completa es muy chica respecto a la extensión que tiene Montevideo.

En el camino al shopping encontramos una de las tan mencionadas Churrascarías. Tropilha Grill sería nuestro almuerzo de ese día, pero como demostramos ayer, los brasileros son vagos y trabajan sólo hasta las 3 de la tarde. De todas formas los gaúchos nos invitaron a pasar y nos mostraron el lugar. También nos mostraron la carta de vinos.

Luego seguimos bajo una suave lluvia hasta el Curitiba. Al entrar encontramos una extraña moquette pegada con cinta adhesiva. Una forma muy extraña de poner la moquette, pero por lo menos no deja olor a pegamento.

Fuimos a una Lojas Americana y allí compramos algunas cuantas cosas. Fandangos, Pingo d'Ouro y Bis. Seguimos paseando por el shopping y encontramos una tienda Renner. Al principio no me llamó mucho la atención hasta que pude hacer la asociación completa: en una tienda de esa marca en el shopping Beira Mar de Floripa fue donde vi un traje verde hace 3 años.

Entramos y nos dirigimos a la ropa de hombre. Había descuento. Había un traje beige que justo estaba en mi número y por sólo 150 reales. Me lo probé, me quedó bien, lo compré. También elegí unas remeras y pagué con MasterCard. La chica de la caja me preguntó sí tenía la tarjeta de la tienda, a lo que respondí que no y ella se ofreció a hacermela. Le dije que no era brasilero. Insistió. Bueno, si vos querés, lo que te parezca. Me pidió el CPF. No tengo. ¿No te dije que no soy brasilero? Bueno, rescatate.

Luego retomamos el camino para el otro shopping y los masajes. Casi no nos acordabamos donde quedaba el local, así que paseamos un poco. Cuando lo encontramos nos atendieron muy bien y una china le hizo masajes a Mamá y un tipo a mi. La experiencia fue espectacular. Como quita el stress y el cansancio en tan sólo 30 minutos. Ahora estamos viendo donde en Montevideo realizan Shiatsu.

A la hora que terminamos ya no nos daba el tiempo para ir a comer, así que tendríamos que comer alguna porquería por ahí.

Fuimos hasta la plaza de comidas del Crystal y luego de mucho y mucho mirar, nos decidimos por un local de comida italiana. Pedimos una pechuga de pollo grillé con rondines de jamón y queso con salsa de hongos. Espectacular.

Luego volvimos al hotel y no recuerdo mucho más que haber mirado tele. Una de las películas que vi fue O Homem Aranha. También vi Nique @ Nite en portugués, el informativo de la Band News y me comí una bolsa entera de Fandangos yo solito! ¿Y qué?

Las noticias realmente sorprenden. Lo único que hablaban era sobre las incursiones de la policía en las favelas para detener a los traficantes. En una de esas incursiones murió un policía, diez traficantes y un niño de cuatro años. Seguramente un futuro traficante. También incendiaron una casa y los vecinos, en forma de protesta quemaron neumáticos. La protesta era en contra del accionar policial.